El ejercicio consiste en realizar una descripción técnica y otra descripción literaria de una misma imagen. En la descripción técnica no tienen cabida los sentimientos ni las emociones; en cambio, en la descripción literaria, los alumnos/as trabajan sobre las emociones que les provoca la imagen, transformando esas emociones en palabras que sean capaces de generar sentimientos en el lector.

El chico, aparentemente joven, es de piel oscura, tiene unas orejas pequeñas, y unas  cejas bastante perfiladas, le siguen unos ojos negros y brillantes. La mirada que posee aporta       seriedad a su rostro, es verdaderamente penetrante debido al potente color oscuro del iris, este hace que destaque más la parte blanca de su ojo. Su piel  parece rugosa debido a que  se pueden apreciar diferentes marcas  y cicatrices en su cara, mayormente en su pómulo,    en la frente y debajo de su nariz. Tiene la nariz ancha y en ella se refleja un poco de luz.     El joven tiene el  pelo afro como es característico en las personas negras, este también es    oscuro y corto. Se le puede observar a través de una reja formada por rombos de hierro      entrelazados, la reja está oxidada, apenas se ve su color metálico original. Detrás del chico se puede ver un paisaje con vegetación y un cielo nublado.

Berta Carracedo 4ºESO

Ejercicio descripción

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El chico africano me mira fijamente  con sus intensos ojos color negro azabache como si quisiera decirme algo, puedo notar su mirada triste y ansiosa probablemente por la sensación de estar encerrado detrás de esa reja oxidada y mugrienta. Por su mirada y la  punta de su gruesa nariz asomándose por uno de los rombos de la reja, puedo intuir que  está deseando que esta no estuviera. Puedo ver su piel desgastada, probablemente por todo  lo que tiene que haber pasado, me parece un chico luchador sin ni siquiera conocerlo  cercanamente. Me pregunto cómo se sentirá él en este momento, seguramente vulnerable,  tal vez asustado, puede que simplemente acostumbrado a situaciones tan duras e injustas  como esta, pero este joven se camufla tras un aspecto fuerte y guerrero, como si no le  tuviera miedo a nada. Se podría decir que lo admiro.

Berta Carracedo 4ºESO

El adolescente parece mirar al siniestro fotógrafo reflejado en su ojo como si hubiera perdido toda esperanza de libertad. La perla comúnmente llamada ojo, refleja un desolador desierto de vida y alegría sobre el que aprecia a una persona con la que se mira fijamente. El joven parece estar apoyado en la fría valla para así, poder soportar todo el peso de los abundantes pensamientos de un pájaro enjaulado que desea volar por todos los mundos conocidos y por conocer. La perfección de sus oscuras pestañas dibujadas a lápiz con una precisión milimétrica demuestra cómo hasta en las ocultas y escondidas esquinas más oscuras de nuestro esférico hogar puede haber belleza y magia. Las figuras que se aprecian a través de una inmensa niebla buscan tocar las lejanas nubes que dibujan enormes y maravillosas figuras en el lienzo azulado que protege el rostro del adolescente de las calientes agujas que durante el día acechan los desiertos.

Ángel Pérez March 4ºESO

El joven parece de ascendencia africana. Tiene un color de piel oscuro con casi toda seguridad por su origen. No parece tener más de veinte años por la aparente falta de arrugas en su joven rostro. En su ojo izquierdo, de color oscuro, se puede apreciar lo forma directa de mirar al frente donde parece apreciarse un fotógrafo que está realizando la fotografía desde el exterior de la valla metálica que parece separar dos mundos totalmente distintos. Las pestañas negras que protegen el ojo son cortas y poco pobladas. También de tono oscuro, son sus cejas abundantemente pobladas y peinadas. Estas cubren y protegen la cuenca de su ojo de las impurezas del lugar. Lo más probable es que esté suavemente apoyado sobre la valla. De la parte trasera de la imagen no se puede distinguir nada con detalle por el alto nivel de difuminado aplicado al fondo, solo se puede intentar adivinar una pequeña montaña.

Ángel Pérez March 4ºESO

El joven parece de origen africano. Su piel así lo refleja. Es un chico joven, porque no se ve ninguna arruga, con ojos grandes y oscuros, con unas cejas perfectamente alineadas, de pelo corto y negro y rizado , con la cara marcada por un poco de acné, lo que refleja su juventud. Tiene las orejas pequeñas, y podría llevar un pendiente u otro tipo de ornamento en el lóbulo de su oreja izquierda, de color blanco o transparente, según se puede apreciar. Tiene una nariz grande. No se aprecia vestimenta alguna pero se adivina que está de pie, detrás de una verja tipo alambrada que le separa del mundo exterior, probablemente en un campo de refugiados. No se aprecia a nadie junto a él.

Carla Adelantado 4ºESO

El joven, de origen africano, mira al objetivo de la cámara del fotógrafo reflejado en su pupila. Sus ojos grandes y tristes, entre el entrelazado de la verja de alambre, parecen enseñarnos la tristeza y el sufrimiento, a la vez que la esperanza perdida de salir del sitio donde se encuentra, para encontrar una nueva vida, digna como a la que tiene derecho todo ser humano. Su aspecto le hace parecer un joven bueno aunque seguramente marcado por el infierno que haya podido vivir para encontrarse en esa situación, sin haber elegido esa estancia, reflejando en su cara todo el padecimiento que parece que recuerda pero calla con ganas de dejarlo apartado y mirando el futuro incierto pero esperanzador que está al otro lado de la valla. Con esa mirada fija que sin decirnos nada lo dice todo.

Carla Adelantado 4ºESO

El joven parece de origen africano. Tiene una piel oscura, puede ser debido a la alta cantidad de melanina que posee en su cuerpo. Su cabeza está cubierta por una fina capa de cabello oscuro y su ojo, oscuro al igual que el cabello, nos hace difícil poder diferenciar las partes del ojo. Este se encuentra debajo de una poblada ceja, levemente fruncida, y en su reflejo podemos observar a la persona que está tomando la fotografía, aunque no se puede distinguir si es hombre o mujer. A la derecha del ojo hay una nariz achatada, de la cual solo observamos la mitad, apoyada en la valla de metal un tanto oxidada. Debajo de su nariz se encuentra un leve, casi invisible, rastro de barba. Su oreja se encuentra un poco despegada de la cara, y es de pequeño tamaño. En su piel no hay rastro de ninguna antigua herida o imperfección, y en el fondo difuso podemos observar lo que parecen árboles, aunque no se aprecia claramente.

Ainara Fernández Morro 4ºESO

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El joven, de origen africano, mira al objetivo con una mirada desafiante, enfadada, como despreciando a la persona a la cual mira a través de su ojo teñido de negro. En él, reflejado, se encuentra la razón de su estado de ánimo, el hombre que hay al otro lado. Tiene apoyadas la frente y su ancha nariz en la valla, como si esta fuera la única que le impidiera cumplir su deseo de huida. Su ceja, irregularmente torcida, no hace más que afirmar la impotencia que le está invadiendo por momentos. Su pelo y su cara no tienen signos del paso del tiempo, al contrario, nos confirma que en su interior se esconde un alma vivaz y enérgica, capaz de acabar con las injusticias del mundo si eso fuera posible. En el fondo, un gran bosque se encuentra, donde hasta el animal más feroz habido y por haber, querría huir de la impotencia y la ira que siente este muchacho. En definitiva, una mirada capaz de helar a cualquier ser humano con sentimientos.

Ainara Fernández Morro 4ºESO

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Unos pasos para acercarte a esa reja y observar estérilmente donde está siendo juzgada la libertad, con piel oscura y ojos en los que caben todas las mareas de una tierra finita. El hierro que endulza como un collar y sortijas a su cuerpo, dejando entreverla, tan cerca que puedes vestirte con su carne. Una ceja sublevada a los quehaceres de la rabia, una oreja que puede escuchar y sentir nuestra sombra reflejada en las marismas. Nosotros la encerramos, como en una caja y una espalda oscura. Tal vez, el miedo suyo lo tuvimos nosotros, con nosotros quiero decir yo y como miedo quiero decir a ella. ¿Qué hacer con la libertad que me acecha? ¿Qué le doy de comer si yo no sé hacerlo? Y  mi sangre de beber. He decidido encarcelar la libertad porque pensé que podía guardar mi alma, y ahora soy el fantasma perdido de esa caja de zapatos.

 Lucía Benlloch 4ºESO